Nicholas D. Kristof
The New York Times
Nueva York— Resulta difícil imaginar que haya habido numerosas
divorciadas más jóvenes –o más valientes– que la chaparrita alumna de
tercer grado llamada Nujood Ali.
Nujood es yemenita, y no es coincidencia que en Yemen abunden tanto
las novias niñas como los terroristas (y ahora, gracias a Nujood, las
menores que han sido divorciadas). Las sociedades que reprimen a las
mujeres tienden a ser propensas a la violencia.
Para Nujood, la pesadilla comenzó cuando ella tenía 10 años y su
familia le dijo que se casaría con un repartidor de más de 30. Aunque
a la madre de Nujood no le agradaba el asunto, no protestó. “En
nuestro país los hombres son los que dan las órdenes, y las mujeres
las que obedecen”, escribe Nujood en la convincente nueva
autobiografía recién publicada esta semana en Estados Unidos, “Soy
Nujood, tengo 10 años y estoy divorciada”.
Su nuevo esposo la obligó a abandonar la escuela (estaba en segundo
grado) porque una mujer casada no debe estudiar. En la boda, Nujood se
sentó en un rincón, con el rostro hinchado de tanto llorar.
El padre de Nujood pidió al marido que no la tocara hasta que hubiera
pasado un año de su primera menstruación. Pero en cuanto se casaron,
escribe ella, su esposo la tomó por la fuerza.
Pronto empezó también a golpearla, dice en la memoria, sin que su
nueva suegra mostrara compasión. “Pégale más fuerte todavía”, le decía
la suegra a su hijo.
Nujood había oído que los jueces pueden dar divorcios, así que un día
se escapó, subió a un taxi y pidió ir a los juzgados.
“Quiero hablar con el juez”, son las palabras de la acongojada Nujood
que el libro cuenta dijo a una mujer en los tribunales.
“¿A cuál juez estás buscando?”
“Nada más quiero hablar con un juez, eso es todo”.
“Pero en estos juzgados hay muchos jueces”.
“Lléveme con un juez ¡no importa cuál!”
Cuando por fin estuvo ante un juez, Nujood declaró con firmeza:
“¡quiero divorciarme!”
Los periodistas yemenitas convirtieron a Nujood en una causa célebre,
y ella eventualmente obtuvo el divorcio. La publicidad inspiró a
otras, incluyendo a una niña saudita de ocho años casada con un
cincuentañero, a buscar anulaciones y divorcios.
Como pionera, Nujood vino a Estados Unidos y en el 2008 fue
homenajeada como una de las “Mujeres del Año” de la revista Glamour.
De hecho, probablemente Nujood sea la única alumna de tercer grado a
quien la secretaria de Estado Hillary Clinton haya descrito como “una
de las mujeres más grandiosas que he conocido”.
La memoria de Nujood permaneció cinco semanas como el libro más
vendido de Francia. Está siendo publicada en otros 18 idiomas,
incluyendo la lengua materna de ella, el árabe.
Pregunté a Nujood, quien ahora tiene 12 años, lo que pensaba acerca de
su vida como autora de un best-seller. Dijo que las ediciones
extranjeras no le importan mucho, pero que esperaba verlo en árabe.
Desde su divorcio, volvió a la escuela y a su propia familia, a la
cual está manteniendo con las regalías del libro.
Al principio, los hermanos de Nujood la criticaron por avergonzar a la
familia. Pero ahora que Nujood es su principal sostén, todos ven las
cosas de manera un poco distinta. “Ahora se portan muy bien con ella”,
dijo Khadija al-Salami, un cineasta que es mentor de Nujood y que me
tradujo sus palabras. “La tratan como reina”.
Yemen es uno de mis países favoritos, con una arquitectura gloriosa y
gente muy hospitalaria. Pero Yemen parece ser una bomba de tiempo. Es
un semillero para Al Qaeda, además de enfrentar una guerra
intermitente en el norte y un movimiento secesionista en el sur. No es
coincidencia que Yemen se encuentre asimismo en el último sitio en el
índice de la brecha mundial de género emitido por el Foro Económico
Mundial.
Existen un par de razones por las que a menudo terminan en
inestabilidad los países que marginan a las mujeres. Primero,
generalmente dichas naciones poseen índices muy altos de nacimientos,
y ello significa una gran cantidad de jóvenes. Uno de los factores que
se correlaciona más con el conflicto social es la proporción de
hombres de entre los 15 y los 24 años de edad.
Segundo, estos países también tienden a practicar la poligamia y
registran tasas más altas de mortalidad de niñas. Lo anterior se
traduce en menos mujeres casaderas y más solteros frustrados a los que
pueden reclutar los extremistas.
Así que educar a Nujood y darle la oportunidad de ser abogada –su
sueño– no es tan sólo cuestión de justicia. Es además una forma de
ayudar a calmar a la nación entera.
Considere Bangladesh.
Tras independizarse de Pakistán, Bangladesh empezó a educar a las
niñas de un modo que nunca lo ha hecho Pakistán. Las mujeres educadas
trabajaron en la emergente industria del vestido y en la sociedad
civil, con dichas mujeres siendo una de las razones por las cuales hoy
en día Bangladesh es mucho más estable que Pakistán.
El mes pasado Estados Unidos anunció asistencia militar para Yemen por
150 millones de dólares destinados a combatir a los extremistas. En
cambio, solamente cuesta 50 dólares enviar a una niña a la escuela
pública durante un año, y las jovencitas como Nujood pueden resultar
más efectivas que los misiles para vencer a los terroristas.
Fuente: http://www.diario.com.mx/nota.php?notaid=3b353284b48de991c69ac560cf87aa9e
domingo 7 de marzo de 2010
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