miércoles 6 de enero de 2010

LA MUERTE DEL PATRIARCA IAACOV Y UN INCIDENTE EN SU ENTIERRO

La muerte del patriarca Iaacov y un incidente en su entierro

Nada hay eterno salvo nuestro amado Hashem de tal manera que nuestro patriarca tampoco, al igual que cada uno de nosotros algún día, escapa a la muerte. Luego de los diecisiete años de paz y de tranquilidad en Mitzraím como vimos en la entrega pasada, Hashem decidió que era tiempo para Iaacov de ser llamado. Sin embargo el patriarca antes de su partida dio a sus hijos tres ordenes que debían cumplir. Primero: “No violar la prohibición de ser idólatra”. Prohibición que estaba dirigida más que todo a los descendientes de las doce tribus, a sus nietos, bisnietos y demás personas ligadas por su ADN. Su propósito más que todo era el de advertirles que fueran fuertes y se mantuvieran fieles al Santo, que a pesar de todo lo que estaban por pasar, siempre se mantuvieran firmes y leales a quien lealtad merece. (Bereshit Raba 99.2, Tiferet Zion)
Segundo: “No maldecir el nombre de Hashem” Quería dejar claro que el hacerlo era una abierta negación a Hashem y desde luego servir a la Avodá Tzara. (Bereshit Raba 99.2, Etz Iosef)
Tercero: “Impedir que su féretro fuese tocado por idólatras” Temía que quien rendía culto a los ídolos, tocara su féretro y la Shehinaj partiera. (Bereshit Rabá 99:2)

Tan pronto como nuestro patriarca Iaacov dejó de hablar, su alma partió y se reunió a la de sus ancestros en el Gam Eden (Sefer Iashar)

Iosef en ese momento con un dolor evidente al ver a su padre partir, cayó sobre el rostro de su padre, lloró desconsoladamente, le dio un beso de despedida y le cerró los ojos, cumpliéndose la promesa de Hashem consignada en Bereshit 46:4 “Iosef habrá de poner su mano sobre tus ojos” (Midrash Lekaj Tov, Midrash Hagadol)

De igual manera el dolor se apoderó de todos sus hijos y de inmediato el resto de sus hermanos desgarraron sus vestiduras y pusieron como era la costumbre, polvo y ceniza sobre sus cabezas. (Bereshit Rabá 100:1)

Todo Mitzraim se plegó al duelo que embargaba a Iosef y a su familia, sabían que por mérito de Iaacov y debido a la bendición que le había dado a Paró, el Nilo había vuelto a crecer para irrigar la tierra y detener la hambruna que había en dicha tierra. Lamentablemente al fallecer Iaacov, el proceso de la bendición se revirtió y las cosas volvieron como antes y el hambre azotó sin misericordia alguna una vez más. Los mitzrim guardaron luto por Iaacov por un plazo de setenta días y cubrieron sus animales de carga incluidos sus caballos con arpillera. (Sefer Iashar)

Mientras tanto Iosef mandó un urgente mensaje a Paró informándole de una promesa que había hecho a su padre de que tenía que ser enterrado en la Cueva de Majpela y no en Mitzraim. Esto ocasionó un roce entre Paró y Iosef ya que Paró no deseaba darle permiso para cumplir su promesa, más bien le mandó un mensaje para que consultara a los sabios acerca de la manera de no hacer o romper su promesa. Ante esta situación, Iosef le recordó a Paró un secreto que ellos tenían desde hacía muchos años, ante el cual Paró palideció y o tuvo otro remedio que acceder ante su temor que el secreto fuese develado. Recordemos que Iosef superaba a Paró con una lengua, es decir, sabía una lengua más que Paró y dicho secreto fue guardado muy celosamente por ambos por cuanto Paró, entonces, temió que si el pueblo se enteraba de ello, más bien hicieran a Iosef faraón y lo destronaran a él. El ser recordado de su secreto, no tuvo más remedio que acceder, pero lo hizo de mala gana. (Sota 36 b)

Iosef colocó el cuerpo “embalsamado” de Iaacov en un cofre de oro puro adornado por preciosos diamantes y recubierto por un palio tejido con hilos de oro y apoyado sobre vigas adornadas de preciosas en invaluables perlas. (Sefer Iashar)

Salió Iosef y sus hermanos con el cuerpo de su amado padre en una procesión funeraria hasta entonces nunca vivida hacia Eretz Canaan. De igual forma Paró emitió un decreto que obligaba a sus súbditos a acompañar el cuerpo del patriarca y le rindieran últimos honores. Los miembros de las tribus, descalzos y llorando, cargaban el féretro de Iaacov seguidos por un interminable mar de gente.

De camino a la Cueva de Majpela donde descansaban los restos de los ancestros de Iaacov, se presentó un incidente que tuvo un trágico desenlace. Al llegar a Eretz Canaan, el cortejo fue recibido por los reyes cananitas, los Benei Ishamael y los Benei Eisav, cada uno, como era de esperar, con un ejército armado. Su evidente intención era atacar en esos momentos a las tribus y aprovecharse de dicha coyuntura para vengarse y eliminarlos para siempre. Pero una cosa es lo que el hombre desea y otra bien distinta la que Hashem nuestro Di-s dispone para Su Creación. (Sefer Iashar)

Sin embargo, al ver los reyes cananitas que la corona de Iosef, el vice rey de Mitzraim se posaba sobre el féretro de Iaacov, hicieron lo mismo y así fue como Iaacov tenía sobre su féretro treinta y seis coronas. ( Sefer Iashar Sota 13 a)

Llegó el cortejo a la Cueva de Majpela y se presentó un incidente. Cuando se prestaban las tribus a proceder a colocar a su padre junto al lado de Lea, intervino Eisav, hermano mellizo de Iaacov aduciendo que el espacio restante en dicha cueva, le pertenecía a él y no a su hermano. Esto ocasionó toda una conmoción entre las Tribus. Ellos en respuesta le dijeron a Eisav que él le había vendido la Cueva a Iaacov, a lo cual Eisav respondió: “Muéstrenme el documento” Con tono firme las Tribus respondieron que ellos lo tenían pero no el sitio, como era obvio, que lo tenían en Mitzraim, a lo cual Eisav dijo que sin contrato, que sin documento no había prueba y por consiguiente no podían enterrar ahí a su hermano Iaacov.

Acordaron que Naftalí conocido por sus pies ligeros fuera de inmediato a Mitzraim por el documento, mientras tanto, el entierro se detuvo, no podían enterrar a Iaacov.

Jushim quien era el hijo de Dan y era sordo de nacimiento, no comprendió lo que sucedía de manera clara, lo que si pudo comprender era que su abuelo no podía ser enterrado por causa de su tío Eisav, de manera que con el mismo arrojo que tiempo después iba a tener Pinjas, tomó un palo y empezó a golpear a su tío abuelo Eisav en la cabeza. Eisav cayó muerto. Lo golpeó tan fuerte, que los ojos de Eisav saltaron y rodaron hacia los pies de Iaacov, su sangre corrió sobre el féretro de oro y diamantes de Iaacov. (Sota 100:6, Sefer Iashar) (Según Tosafot (Mitin 55b, Iehuda fue quien le dio a su tío Eisav el último golpe) Como quiera que fuera, Eisav fue muerto y Iaacov finalmente enterrado.

gabriEL kadmiEL

Referencia:
El Midrash Dice
Sefer Bereshit Jacobo Benzaquen (DBM)

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada