jueves 28 de enero de 2010

LA FE DEL HOMBRE CASADO

Una de las pruebas por excelencia que tiene y debe superar todo hombre se da precisamente en el seno de su hogar, con su esposa y compañera y amiga y además, con el fruto de sus lomos, es decir con sus hijos.

Suele suceder que el cabeza de familia sufre lamentables desprecios provenientes de sus mismos familiares, suele suceder también que su autoridad no es respetado, no le obedecen.Otras veces tiene que enfrentarse con problemas de salud de alguno de sus seres queridos y otras veces incluso, con problemas severos de parnasá, es decir, que su mismo sustento diario puede eventualmente verse afectado por alguna razón. La única forma de sobreponerse a todos estos problemas, es por medio de la fe.

La relación de pareja y el convivio diario con los hijos, donde coexisten una serie de caracteres y estereotipos propios de cada uno de sus miembros, lleva indefectiblemente al hombre a tener que vivir con un grado mucho mayor de fe, incluso en mayor grado que con las relaciones de los demás miembros de la sociedad, llámese, vecinos, amigos, compañeros de trabajo, etc. para no quebrarse por los problemas, ya que en toda familia normal suceden muchas cosas y no por ello tenemos que desligarnos de ellas, abandonar a nuestra compañera y a los hijos en común. El matrimonio es una relación obligatoria de respeto, amor y mutuo auxilio, donde priman la confianza y lazos afectivos muy fuertes. A veces pienso lo bien que Hashem ha hecho las cosas, donde en un momento dos personas deciden pasar sus vidas unidos, provenientes de dos hogares absolutamente distintos, con costumbres bien diferentes, con prioridades y una “visión del mundo” distintas, que en un momento determinado de la vida, se conocen –por la razón que sea- se tratan y luego deciden que pueden pasar toda la vida juntos…

Por eso, la esencia de la rectificación del hombre empieza sólo cuando contrae matrimonio. Pues durante todo el tiempo que el hombre no está casado, se puede arreglar sin que necesite verdaderamente trabajar profundamente sobre su fe, ya que tendrá otros tipo de problemas que puede tener una persona soltera, pero nunca las vicisitudes de una persona casada, aún si conviven juntos si estar casados ya que para los solteros queda la opción de simplemente dejarse y punto, no tienen obligaciones ni compromisos mutuos, no han jurado ante el Eterno su fidelidad, amor y mutuo auxilio hasta que la muerte los separe. No está poniendo a prueba su fe. Por el contrario, el hombre comprometido, el hombre que está casado no puede abandonar su casa ni escapar de las pruebas que le llegan de sus familiares. Él debe quedarse donde está, sobreponerse a esas pruebas y a pesar suyo ver el grado exacto de su fe y debe trabajar en ella. No tiene opciones en cuanto a su responsabilidad como jefe de familia, sino que debe probarse intensamente a si mismo y sobreponerse de las vicisitudes del matrimonio y de la vida familiar únicamente sustentado por su fe. Solo la fe puede sostenerlo y darle el apoyo suficiente para seguir adelante. Solo con una fe profunda en Hashem, en la institución del matrimonio y el amor a sus hijos, pueden hacer posible que el hombre pueda salir adelante, que reaccione con base en principios solidarios y de respeto, atendiendo a los diferentes caracteres que se dan en el seno de su hogar. Cada miembro es distinto en todo, su esposa, sus hijos aunque sean carne de su carne, son al igual de cada uno de los dedos de la mano, totalmente distintos, de ahí que solo con un carácter centrado y una fe profunda, puede en hombre jefe de casa, salir adelante.

Lamentablemente muchos de los varones hoy día no logran comprender esto y creen que el matrimonio es solo sexo, quizás que esa sea la idea inicial de los hombres jóvenes y sea el principal desencanto que se llevan con el tiempo conforme las diferencias de opinión y de carácter afloran en la pareja. Es precisamente en estos momentos donde debe incrementarse su fe y valorar los principios y pilares que sostienen la institución matrimonial.

Las personas solteras no están obligadas a escuchar, comprender, analizar a la pareja, no tienen porqué, simplemente si no les parece lo que la otra persona dice o hace, se apartan y punto. El hombre casado, está obligado a escuchar, a comprender, a respetar y a tratar con amor y delicadeza a su pareja y a sus hijos, tiene que ser tolerante, escuchar y emitir juicios adecuados y correctos que lleven por buen camino a su esposa y a su familia y todo esto solo se puede hacer con la fe, caso contrario el barco se va a pique y se hunde. Existe una máxima que dice: ‘ La paz en el hogar depende del nivel de la fe’

Esta es la regla - toda la paz doméstica del hombre depende de su fe, y por lo tanto, sólo cuando contrae matrimonio, puede verdaderamente empezar a trabajar sobre su fe con profundidad. Los problemas cotidianos que se van presentado a diario acrecientan su fe, la alimentan y la fortalecen en cada momento en que la estructura de ser humano, de esposo y de padre se tambalea. Solo la fe lo puede sacar adelante.

Por eso, la pareja debe aprender a ver todo lo que sucede en su hogar con fe, saber que en cualquier cuestión problemática que se le presenta - con los hijos o parientes, o con el sustento, está en una prueba de fe y que esa prueba de fe se fortalece únicamente a través del ejercicio diario de la plegaria, con sumisión al Eterno y con mucha Teshuvá.


Hashem sobradamente conoce lo que es bueno para cada uno, y que debemos creer que todo lo que Él hace es para nuestro bien; esto se llama tener fe en la Supervisión Individual de Di-s. Es entregarse en Sus manos con la confianza que las cosas van a resultar bien, conforme al criterio de El, Hashem conoce todo lo que es mejor para nosotros y con base en ello, dirige nuestros destinos hasta que alcancemos ese bien que El quiere que tengamos. Esto cuesta a veces comprenderlo, sobre todo si la pareja está pasando por momento difíciles. Sin embargo, quien logra esta creencia, está siempre contento con lo que tiene, pues sabe que todas sus privaciones están bajo Su Supervisión y son para su eterno bien, precisamente según la corrección del alma que debe hacer y según la meta para la cual llegó a este mundo.

De por sí, está bien entendido que el marido y la esposa que poseen fe están contentos con lo suyo - es decir, el esposo esta contentó con su mujer y la esposa esta contenta con su marido, con todos sus defectos. Ellos saben muy bien que el Creador los supervisa, y les dio a cada uno la mejor pareja posible según la corrección que deben efectuar - es decir, que solamente mediante los defectos de cada uno de ellos, podrán cumplir su misión de vida. Esto pareciera ser un punto álgido pero lo que tenemos que tratar de comprender es que los defectos del otro, son las pruebas que se nos han puesto por delante para superarlos, para aprender de ellos ya que los defectos de la pareja los tenemos nosotros mismos primero y es ahí donde precisamente tenemos que trabajar con más intensidad, para superar primero en nosotros, lo que vemos en los demás.

Todos los que tenemos la gran dicha de estar casados, sabemos cada noche al retirarnos a descansar con nuestra pareja, podemos estar seguros y contentos que hemos sobrevivido un día más juntos, un día de ajustes, de estiras y encojes pero que a la postre nos da una extraordinaria satisfacción, el superarnos como seres humanos que somos, con cariño, respeto pero sobre todo con fe, con esa fe primero en Hashem y luego en nosotros como personas, en que saldremos adelante en todo y que nuestra fe se fortaleció más y más cada vez que con la ayuda del Santo logramos superar una prueba y seguir adelante. Un apreciado amigo de muchos años y sobreviente de muchas batallas con casi 55 años de vida matrimonial me confesó un día su secreto en el matrimonio: ‘Son tres palabras mi amigo, me dijo: PACIENCIA, RESPETO Y SILENCIO’´

Shabat Shalom

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