LOS REGALOS DE HASHEM
La vida está llena siempre de sufrimientos, de cosas tristes, de golpes del destino que nos acarrean grandes pesares y ríos de lágrimas. La muerte de un ser querido, un divorcio, una terrible enfermedad, una insolvencia económica que nos hace caer de estatus, la pérdida de una casa, del carro que tanto queríamos, la drogadicción o el alcoholismo de un ser amado, una depresión nerviosa, son sólo algunos de los ejemplos que muchos de nosotros hemos tenido que afrontar en algún momento de nuestras vidas.
Muchas veces nos levantamos por la mañana con la misma ansiedad y temor del día anterior, deseando por la noche que llegue el día y cuando este llegue deseamos que arribe la noche, como bien lo dice Deuteronomio 28:66 “Por la mañana dirás: ¡Ojalá llegara la noche! Y por la noche dirás: ¡Cuándo llegará la mañana! Nos dejamos una vez más abatir salvajemente por todas las cosas que nos atormentan. Nuestros nervios se crispan y una vez más cargamos nuestro “disco duro” con las mismas cosas de ayer. Creemos firmemente que en la vida todo es malo, que las cosas que nos han pasado son las que prevalecen y que nos acompañarán hasta la muerte. Cargamos nuestro “disco duro” con todas estas cosas hasta que nuestra vida se convierte en un espacio repleto de lágrimas y sufrimientos que se incrementa segundo a segundo.
Sin embargo, poco pensamos que hay muchas cosas en nuestras vidas que valen la pena recordar porque nos produjeron grande alegría y gozo. Poco recordamos esos momentos bellos, esos amaneceres preciosos y esos atardeceres románticos que en algún momento compartimos al lado de un ser amado, cuando empezábamos apenas los caminos del amor. Pocos recuerdan las sagradas lágrimas que derrama una madre al dar a luz a su primer hijo y sostenerlo en sus brazos. Pocos recuerdan también el día de la graduación, lo orgullosos y felices que estábamos cuando en público, ante tantas personas, la autoridad frente a nosotros, nos llamaba por nuestro nombre. Tampoco recordamos la primera vez que vimos el mar o una montaña nevada o el inigualable esplendor de una noche de luna llena o cuando dimos o nos dieron nuestro primer beso.
Tampoco nos acordamos de las cosas simples de la vida, del aroma de las flores, de la sonrisa de un niño, del beso de una madre y el abrazo de un padre. No traemos a nuestra mente momentos de recogimiento ante el Santo ni tampoco nos acordamos de tantas y tantas bendiciones que El nos ha dado de manera gratuita. Poco recordamos estas cosas pero si mantenemos muy vívidamente solo las cosas negativas, tristes, dolorosas y las que nos deprimen.
Hashem nos ha dado demasiadas cosas por las cuales nos tenemos que sentir agradecidos, muchos buenos momentos que no valoramos sino que ignoramos a la luz del dolor que preferimos recordar, en lugar de bellos momentos que abundan en nuestra vida y que albergamos en nuestro corazón. Son estos momentos bellos, estos regalos de Hashem los que tenemos que tener presentes para seguir adelante. “Con Di-s es más fácil vivir”
Años ha cuando daba algunas charlas por ahí, les decía a las personas que los seres humanos vivíamos en un edificio de tres pisos, en el piso de abajo que simboliza el pasado, lo llenábamos de toda clase de cosas dolorosas. En el tercer piso que conforma el futuro, lo llenamos de temores y de malos augurios y de cosas que con base en la ley de las probabilidades, nunca sucederán. Finalmente en el medio, en el segundo piso que significa el presente, vivimos nosotros con estos vecinos los cuales constantemente atraemos a nosotros. Atraemos del primer piso todo lo doloroso, todo lo malo que nos ha pasado y que no queremos olvidar; del tercer piso atraemos lo que aún no ha pasado pero que tememos y que en el fondo no deseamos que sucedan pero por nuestra insistencia en vivirlos antes de tiempo, más rápidamente nos sucede. Entonces en este momento de la charla preguntaba: “¿Puede ser humano alguno vivir con toda la carga del pasado, con todo el futuro encima suyo en medio de un presente aplastante? La verdad no creo que alguien pueda.
Por eso, tenemos que vivir en un presente de agradecimiento con el Eterno, dando gracias por todo y rogando por su misericordia. Potifar, dice el Midrash, le preguntaba a Yosef qué era lo que tanto momento a momento, día a día, semana tras semana murmuraba cuando hacía los quehaceres de la casa. El le respondió: “Agradeciendo al Eterno por todas Sus bondades y pidiéndole que me de éxito en mi vida” Esto mis amigos es la tefilá de un tzadik!!!
Todos tenemos momentos bellos, rescatémoslos y hagamos de ellos una plegaria porque Hashem en esos momentos nos colmó de bendiciones y nos hizo felices. Recordemos con alegría nuestros momentos felices, que ellos son la base y el fundamento del amor de Hashem hacia nosotros, una prueba de Su amor y de Su misericordia.
gabriEL kadmiEL
miércoles 30 de diciembre de 2009
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